jueves, 12 de agosto de 2010

Un Pecado Siempre es un Pecado

Larga velada, nada de sueño y mucho por soñar. También, muchas palabras por callar y preguntas por hacer de soslayo, entre el batir de las telas, la zozobra de la piel hundida en caricias, y todo eso que olvidamos bajo el sol y que resucita con los influjos lunares.

Tú tienes un secreto, por el que sonríes y que brilla en tus ojos, en doble acero y aros de miel. Es un secreto tan tuyo que ni yo lo adivino... pero me gusta el juego de seducirlo.

Tú me ves apasible y tranquilo, observando sin prisas, con las manos ocupadas en tejerte tapices de magia sensible y oscura. Apartas tu mirada. Tu secreto huye. Sonrío.

La noche hace promesas sencillas.

No hay dudas en nuestro diálogo discreto. No hay pesares ni cavilaciones. Tú anhelas mi elegante atrevimiento y me cortajas con un movimiento de caderas.

Hay vino sobre la mesa. Se derrama suavemente. Tu piel se estremece, puedo sentirlo. La delgada tela en la ventana esconde solo lo justo de tu silueta.

Tú, con mirada purpúrea tras la sombría cortina. Yo, con ojos nocturnos, midiendo las culpas por tus curvas. Tú sigues guardando tu secreto. "C'est très bien" te digo "Yo tengo el mío".

Tú, curiosa, solazada y sinuosa, serpenteas en mi cuello. Tus labios tocan mi oído y me susurran "Dis-moi, dis-moi ton secret".

Yo (sí, esta vez yo), deslizo la seda escarlata que separa tu pecho del mío. No hay nada más que hablar. Hay mucho qué decir.

Lo sabes, siempre sabes... Hay un Pecado más qué cometer. D.R.